
La pastoral juvenil, por su conformación requiere un acercamiento a los jóvenes para rescatar su acción en la Iglesia; es decir, su participación en la actualidad de la historia. Los jóvenes son los destinatarios del mensaje evangélico, por medio de su presencia en el mundo, por su vitalidad trascienden los gozos y esperanzas a una humanidad expectante de sus acciones en la conformación de las nuevas sociedades. Sin embargo, como el mismo ímpetu de la juventud es positivo, pueden elegir caminos errados y agotar su entusiasmo en acciones inútiles y vacías, como es la despersonalización y la alienación de su identidad, problemas como el alcoholismo, drogadicción, prostitución, mercantilismo, consumismo, etc. Estas propuestas de la sociedad globalizante los pone una carrera interminable, aspira agotar la vitalidad de los jóvenes, para convertirlos en simples objetos de los intereses personales, pues detrás del llamado al ímpetu juvenil, se esconden oscuras intensiones, camufladas de moda, diversión, libertad sin límites, etc. Ante este panorama se torna necesaria una acción de Iglesia que siempre comprometida con todos, sobre todo da a conocer su vigor juvenil en Jesús, de su acción revolucionaria y valiente en la consecución de los nobles ideales de la verdad y el amor, comunes en todos los tiempos, cuya acción no tiene fronteras.
En primera instancia el objeto de la pastoral juvenil es asocia a todos los jóvenes que desean unirse bajo el nombre de Jesús, de su presencia en la Iglesia, y todos los valores que de este principio se irradian, como la voluntariedad, el humanismo, el compromiso, la solidaridad, el respeto, la unidad. La Iglesia parroquial encamina ese deseo de servicio y asociación, siempre guiados por su Palabra y su Pan eucarísticos, motivadores de las grandes transformaciones de la sociedad. Así, guiados por la autoridad de la Iglesia, promovemos un encuentro con Cristo, para valorar su radicalidad evangélica, con deseos profundos de entusiasmo, de imitar su ardiente caridad por la humanidad. En palabras del Santo Padre, Benedicto XVI: “Jesús es el único capaz de darnos una respuesta, porque es el único que puede garantizar la vida eterna. Por eso también es el único que consigue mostrar el sentido de la vida presente y darle un contenido de plenitud". Siendo el camino hacia Cristo implica un encuentro con Él. En esa sintonía, el santo padre envía a los jóvenes a continuar con la evangelización, pues: “Sois jóvenes de la Iglesia -afirma el Papa-, por eso yo os envío para la gran misión de evangelizar a los jóvenes y a las jóvenes que andan errantes por este mundo, como ovejas sin pastor. Sed los apóstoles de los jóvenes, invítenlos a que vengan con vosotros, a que hagan la misma experiencia de fe, de esperanza y de amor; se encuentren con Jesús, para que se sientan realmente amados, acogidos, con plena posibilidad de realizarse. Que también ellos y ellas descubran los caminos seguros de los Mandamientos y por ellos lleguen hasta Dios” (Benedicto XVI, 2007).